La industria alimentaria latinoamericana enfrenta una ecuación que parecía irresoluble: una población en expansión que exige más alimentos, en una región donde el agua ya es un recurso bajo presión creciente. Según especialistas de Ecolab, compañía especializada en soluciones de agua, higiene y energía para la industria, ese desafío no se resuelve consumiendo más agua, sino utilizando de forma más eficiente la que ya está disponible.
Diego Varrá, vicepresidente de Food & Beverage para Sudamérica y Centroamérica de la compañía, sostiene que hoy existe la tecnología para desacoplar ambas curvas, de modo que una planta pueda aumentar su producción sin que eso implique un aumento proporcional en su consumo de agua. Según su planteo, las plantas que ya lo están haciendo no solo ahorran recurso hídrico, sino que se vuelven más rentables y más resilientes frente a los episodios de escasez que afectan de forma recurrente a distintas regiones productivas de América Latina.
Un falso dilema entre ahorro e inocuidad
Uno de los obstáculos culturales más arraigados en la industria alimentaria es la creencia de que cuidar el agua implica arriesgar la inocuidad del producto final. Las tecnologías de tratamiento disponibles actualmente permiten reutilizar agua en procesos críticos como la limpieza y la sanitización sin comprometer ningún estándar sanitario, lo que habilita a las plantas a recircular agua de proceso en lugar de descartarla tras un único uso, siempre que se mantenga el control microbiológico exigido por la normativa alimentaria vigente en cada país.
La magnitud del desafío regional
El problema de fondo tiene una escala considerable: cerca del 70% de los recursos hídricos disponibles en el planeta se destina hoy a la producción de alimentos, y la agricultura representa aproximadamente dos tercios de toda el agua dulce utilizada a nivel mundial. América Latina y el Caribe concentran una posición particular dentro de ese mapa, con el 15% de la superficie terrestre del planeta y cerca del 42% del agua dulce mundial, un recurso abundante en términos relativos pero distribuido de forma muy desigual entre países y cuencas, lo que explica por qué ciertas regiones productivas conviven con sequías severas mientras otras disponen de excedentes hídricos.
El tercer eje: mirar más allá de la planta
El planteo de Ecolab incorpora además una advertencia metodológica relevante: trabajar de forma aislada, mejorando únicamente el proceso industrial dentro de la planta, deja fuera la parte más grande del problema. La gestión eficiente del agua en la industria alimentaria exige considerar toda la cadena, desde el origen agrícola de la materia prima hasta el tratamiento final de efluentes, porque optimizar un único eslabón sin atender el resto del sistema limita drásticamente el impacto real de cualquier mejora tecnológica.
Una inversión que ya demuestra retorno económico
Organismos internacionales respaldan este enfoque con cifras concretas: estudios de gestión hídrica agrícola estiman que un incremento de 35% en la productividad del agua podría reducir el consumo adicional de agua de cultivo de 80% a apenas 20% frente a los niveles actuales, mientras que mejorar el acceso a riego sostenible puede llegar a duplicar los rendimientos en regiones con precipitaciones impredecibles. Para la industria alimentaria latinoamericana, que debe sostener su competitividad frente a mercados de exportación cada vez más exigentes en materia de huella hídrica, invertir en tecnologías de reúso y eficiencia del agua dejó de ser una opción ambiental aislada para convertirse en una variable central de rentabilidad y continuidad operativa de largo plazo.













