El panadero mexicano Ángel Castañón recibió el título de Panadero de las Américas 2026-2027, otorgado por la Confederación Interamericana de la Industria del Pan (CIPAN). Es la primera vez que este reconocimiento recae en un profesional de México, un hito para una industria panadera que combina una tradición centenaria con un proceso acelerado de profesionalización.
La distinción se entregó el 11 de septiembre durante el Primer Festival del Pan Dulce Mexicano, en Coyoacán, Ciudad de México. Allí, el presidente de la CIPAN, Álvaro Pena, le entregó la medalla, el diploma y la chaqueta que acreditan el título. La elección se definió en el congreso de la confederación celebrado en abril, en el que compitieron candidaturas de Brasil, Chile, Ecuador, México, Perú y Venezuela.
Los criterios de evaluación incluyeron innovación, formación profesional, preservación de tradiciones, trayectoria, excelencia técnica y contribución al desarrollo de la panificación en el continente. Esa combinación refleja la doble exigencia que enfrenta hoy el sector: proteger su patrimonio y, al mismo tiempo, adaptarse a los requerimientos técnicos y comerciales de un mercado cada vez más sofisticado.
Castañón pertenece a la tercera generación de una familia dedicada a la panadería y reconoce en su abuelo una de sus primeras influencias. “Yo no llegué a la industria panadera, nací en ella”, ha afirmado. Su vocación se definió alrededor de los ocho años, cuando tomó un curso de verano en la Cámara Nacional de la Industria Panificadora (Canainpa). Más tarde estudió Ingeniería en Alimentos en la Universidad Iberoamericana, cursó Baking Science and Technology en Estados Unidos y se especializó en panadería en Europa. También fue capitán del equipo nacional de panadería de la Canainpa.
Su perfil combina el oficio artesanal con la formación científica, algo que se refleja en sus proyectos empresariales. Tahona, la panadería familiar ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México, está orientada al consumidor final y se ha hecho conocida sobre todo por su panettone, que suele agotarse en temporada. El panettone, de origen italiano, ha ganado terreno en toda América Latina como producto navideño, con mercados como Perú entre los de mayor consumo de la región.
En paralelo, Castañón desarrolla PANTANO, un proyecto enfocado en el canal institucional que diseña y produce pan para restaurantes, supermercados, cadenas y empresas, con productos de vida de anaquel extendida. Este modelo responde a una demanda creciente del foodservice y el retail por pan de calidad artesanal que pueda integrarse a operaciones de gran escala sin perder consistencia ni frescura.
El reconocimiento coincide con un momento de reflexión sobre la diversidad del pan mexicano. Durante el festival se destacó que el país cuenta con alrededor de 2.400 variedades de pan dulce, de las cuales cerca de 1.000 podrían estar extintas o en riesgo de desaparecer. La pérdida de recetas regionales, el cierre de panaderías tradicionales y la competencia del pan industrializado figuran entre los factores que amenazan ese patrimonio.
Para la industria panificadora, el caso de Castañón ilustra una ruta de crecimiento que integra técnica, formación y tradición. La profesionalización de los panaderos, el desarrollo de productos con mayor vida útil y la apertura de canales institucionales abren oportunidades para que las panaderías artesanales crezcan sin renunciar a su identidad.
El título también da proyección internacional a la panadería mexicana, cuya riqueza de técnicas y variedades se perfila como un activo cultural y comercial con potencial de crecimiento en toda la región.













