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La industria alimentaria uruguaya pone la mira en el mercado indio

Uruguay

La ofensiva diplomática que el gobierno de Yamandú Orsi lanzó hacia India tiene, en el fondo, un objetivo muy concreto para la agroindustria uruguaya: abrir una puerta comercial hacia un mercado de casi 1,500 millones de habitantes con demanda creciente de alimentos.

La designación de Fernando Lugris como representante en Nueva Delhi, sumada a la apertura de la primera embajada india residente en Montevideo, busca traducir en negocios reales un vínculo bilateral que hoy es prácticamente simbólico para el sector agroalimentario.

El diagnóstico oficial es contundente: las exportaciones uruguayas a India apenas rondan los 100 millones de dólares anuales, concentradas mayoritariamente en madera, cebada, lana y químicos, con una presencia alimentaria mínima frente al tamaño de la economía india.

El propio canciller Mario Lubetkin describió esas cifras como "moneditas" frente al potencial real del mercado, una definición que expone cuánto terreno tiene por recorrer la industria alimentaria uruguaya en ese destino.

El contraste con el resto de la canasta exportadora uruguaya es revelador. La industria cárnica y láctea del país atraviesa un momento de fortaleza histórica: las exportaciones de carne bovina alcanzaron 2,680 millones de dólares en 2025, un récord absoluto impulsado por una demanda sostenida en Estados Unidos, China y la Unión Europea, mercados que en conjunto explicaron el 82% del negocio cárnico uruguayo.

En el primer semestre de este año, las ventas de carnes ya superaban los 2,000 millones de dólares, mientras que los productos lácteos mantienen presencia en más de 55 destinos internacionales, uno de los perfiles de diversificación geográfica más amplios de toda la matriz exportadora del país.

Ese mismo modelo de diversificación es el que Uruguay necesita replicar hacia Asia meridional. India ya es uno de los mayores importadores mundiales de aceites vegetales y legumbres, y su demanda de proteína animal crece de la mano de una clase media en expansión, aunque las particularidades culturales y religiosas de ese mercado —con restricciones significativas al consumo de carne bovina en buena parte de su población— exigen una estrategia de producto mucho más matizada que la aplicada en destinos como China o Estados Unidos.

Ahí es donde compiten oportunidades como los lácteos, los concentrados de bebidas y potencialmente productos de mayor valor agregado en nutrición y proteínas alternativas, el desafío regulatorio no es menor.

Cualquier avance comercial con India requiere primero resolver protocolos sanitarios específicos, un proceso que en el caso uruguayo suele tomar años de negociación técnica bilateral, tal como ocurrió históricamente con otros mercados asiáticos, la experiencia acumulada por Lugris en China durante una década de gestión diplomática es, según el propio canciller.

La carta que el gobierno uruguayo apuesta a jugar para acortar esos tiempos, aunque el funcionario reconoció que India no es una réplica del mercado chino y exige una negociación adaptada a su propia estructura política, empresarial y cultural.

El trasfondo estratégico es evidente para una industria alimentaria que ya diversificó exitosamente sus destinos: China se consolidó como principal comprador de las exportaciones totales uruguayas en 2025, con compras por 3,493 millones de dólares, mientras Estados Unidos y la Unión Europea completan el podio de mercados cárnicos. Sumar a India como cuarto polo de demanda relevante reduciría la dependencia estructural de pocos compradores, un riesgo que cualquier economía exportadora pequeña como la uruguaya necesita gestionar activamente.

Para la agroindustria uruguaya, el mensaje de fondo es que la apertura diplomática por sí sola no garantiza resultados comerciales: hará falta superar barreras sanitarias específicas, adaptar el portafolio exportador a las particularidades del consumidor indio y sostener una presencia comercial activa más allá de la firma de acuerdos protocolares.

Si el país logra trasladar a India parte del prestigio sanitario y la trazabilidad que ya construyó en mercados como la Unión Europea y Estados Unidos, la carne, los lácteos y los subproductos cárnicos uruguayos podrían encontrar en el gigante asiático un cuarto destino de escala capaz de equilibrar aún más su matriz exportadora.

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