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La papa y la carne encienden las alarmas inflacionarias en Colombia

Colombia Cárnicos

El costo de la canasta básica colombiana volvió a subir de precio en agosto, y esta vez el impulso vino con nombre propio: papa, carne de res y frutas frescas se consolidaron como los productos que más presionan el bolsillo de los hogares y, con ello, toda la medición de inflación del país.

El Índice de Precios al Consumidor cerró agosto con una variación mensual de 0.39%, lo que llevó la inflación anual a 6.24%, muy por encima del 5.10% registrado un año atrás y lejos de la meta del 3% que mantiene el Banco de la República.

El dato más contundente de todo el reporte del DANE tiene apellido: papa, el tubérculo acumula un incremento de 56.31% entre enero y agosto de este año, la mayor variación año corrido de todas las subclases del IPC, seguido de cerca por el tomate de árbol con 52.76% y por la arracacha, el ñame y otros tubérculos con 47.48%. Solo en agosto, las frutas frescas subieron 4.95% y contribuyeron con 0.07 puntos porcentuales a la variación mensual total, mientras que las papas aportaron otro 0.08 puntos adicionales.

La división de Alimentos y bebidas no alcohólicas fue, junto con Alojamiento y servicios públicos, uno de los principales motores del alza: acumula una variación año corrido de 7.16%, la más alta entre las doce categorías que componen el IPC colombiano.

En términos de peso dentro de la canasta familiar, los bienes no durables —entre ellos los alimentos— representan el 32.44% del gasto total medido por el índice, lo que explica por qué cualquier choque en esta división golpea con especial fuerza el bolsillo de los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción mayor de su presupuesto a comer.

Analistas coinciden en identificar tres factores detrás de esta escalada: lluvias intensas que afectaron la circulación de mercancías agrícolas, bloqueos en corredores viales que encarecieron el transporte de carga, y un incremento sostenido en los costos laborales estructurales que se trasladó a toda la cadena de producción y distribución de alimentos.

Firmas internacionales de análisis económico ubicaron a Colombia dentro de un repunte regional que también alcanzó a México y Perú, aunque con intensidades distintas: mientras los alimentos explican cerca del 22% de la inflación total colombiana, ese peso llega al 35% en Perú y hasta 63% en México, evidenciando cuánto más vulnerable es la economía mexicana a los choques en precios de alimentos frescos.

El impacto ya se refleja en las decisiones de consumo de los hogares, estudios recientes sobre el fenómeno documentan que las familias colombianas están sustituyendo proteínas más costosas por opciones más económicas como el huevo, reduciendo la compra de frutas frescas y postergando gastos no esenciales para poder sostener la alimentación básica.

Ese patrón de sustitución es, según especialistas en consumo, uno de los indicadores más claros de estrés económico en los hogares de ingresos medios y bajos.

No todo el panorama es negativo: algunos productos ofrecieron cierto respiro dentro de la canasta, como el tomate, la cebolla y la carne de cerdo, que registraron variaciones negativas en algunas regiones del país durante agosto. Aun así, el consenso de analistas apunta a que la presión sobre alimentos perecederos seguirá siendo el principal riesgo al alza para la inflación colombiana en lo que resta de 2026, en un contexto donde la meta de estabilidad de precios del Banco de la República luce cada vez más lejana.

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