El tradicional "baño de leche" que cierra el concurso lechero de la Expointer volvió a coronar a los animales de mayor rendimiento productivo del campo gaúcho, y esta edición tuvo una protagonista clara: Carmen Peterson Dias da Costa, de la Cabaña Ventana, en Boa Vista do Incra, se llevó los dos títulos de la raza Jersey en la feria que se realiza en Esteio, Río Grande del Sur.
La vaca Ignea Woodrow da Ventana se impuso en la categoría adulta con un registro de 73.25 kilogramos de leche en tres ordeños oficiales, mientras que la joven Lealdade Chief da Ventana ganó su categoría con 57.02 kilogramos en el mismo formato de evaluación.
La competencia, organizada por la Asociación de Criadores de Ganado Holandés de Río Grande del Sur y la Asociación de Criadores de Ganado Jersey, reconoció en total a cuatro campeonas —dos de raza Holandesa y dos Jersey—, con un tope de producción de 93.1 kilogramos de leche alcanzado por la ganadora general del certamen.
Ese resultado cobra otra dimensión al ponerlo en contexto racial: mientras una vaca Jersey promedio produce entre 15 y 25 litros diarios en condiciones normales de manejo, los ejemplares de la Cabaña Ventana casi triplicaron ese piso en una sola jornada de ordeños oficiales, lo que confirma el nivel de mejoramiento genético que distingue a los planteles de exhibición de la producción comercial estándar.
La ventaja de esta raza, sin embargo, no está solo en el volumen sino en la calidad de los sólidos: la leche Jersey concentra en promedio 4.5% de grasa y 3.7% de proteína, muy por encima de razas de mayor producción como la Holandesa, lo que la convierte en la materia prima preferida para la elaboración de quesos y derivados de alto rendimiento industrial.
Ese diferencial bioquímico explica buena parte del interés comercial que rodea a estos concursos, más allá del prestigio de la premiación, la selección genética validada en pista tiene traducción económica directa: los animales que destacan en pruebas de producción elevan el valor de su semen, sus embriones y su descendencia en el mercado de genética bovina, un negocio que mueve inversión constante entre los criadores especializados que compiten en ferias como la Expointer.
Jueces y especialistas en juzgamiento de ganado lechero coinciden en que estas evaluaciones no son un ejercicio meramente estético, sino una herramienta que orienta el progreso genético de las razas y expone el rumbo que toma el mejoramiento del hato en cada región.
La Expointer, uno de los mayores escaparates agropecuarios de Sudamérica, mantiene programación de ambas razas hasta mediados de septiembre en el Parque de Exposiciones Assis Brasil, con actividades que incluyen juicios morfológicos, torneos de ordeño y competencias juveniles orientadas a formar a la próxima generación de criadores.
Ese componente formativo es clave para una industria que depende de la transferencia generacional de conocimiento técnico: el manejo de una vaca de alta producción exige protocolos precisos de alimentación, sanidad y bienestar animal que determinan si el potencial genético del animal se traduce o no en resultados medibles.
Para Río Grande do Sul, tercer mayor productor de leche de Brasil, este tipo de certámenes funciona como vitrina de la capacidad técnica de sus productores frente al resto del país. El doble título de la Cabaña Ventana confirma que la inversión sostenida en genética, selección y manejo diario sigue siendo la vía más efectiva para elevar la productividad lechera, un mensaje que trasciende la anécdota de la feria y que Carmen Peterson Dias da Costa demostró con resultados concretos en la pista de ordeño de Esteio.













