México se convertirá en el primer país del mundo en fabricar un biofungicida basado en ácido ribonucleico (RNA), según el anuncio del secretario de Economía, Marcelo Ebrard., la tecnología, desarrollada por la biotecnológica GreenLight Biosciences bajo la dirección de su fundador, el ingeniero químico mexicano Andrey Zarur, doctorado en el MIT.
Se producirá en una planta ubicada en Tlalixtac de Cabrera, Oaxaca, con una inversión que podría llegar a 100 millones de dólares, los dos primeros productos de la línea estarán dirigidos a cultivos de alto valor como aguacate, fresa, uva y pepino, con planes de extenderse posteriormente a maíz y algodón, y una cartera que contempla decenas de fórmulas adicionales en desarrollo.
El proyecto obtuvo su registro sanitario y ambiental en un plazo récord de nueve meses, con la participación conjunta de Cofepris, Semarnat —a cargo de la evaluación de impacto ambiental—, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural y Senasica, responsable de la validación técnica. Según las autoridades, la operación generará 500 empleos directos y especializados, a razón de 50 por cada producto aprobado más su soporte equivalente.
El principio científico detrás del producto es la interferencia por RNA: una molécula presente de forma natural también en organismos humanos, que en este caso se programa para bloquear genes específicos del hongo o la plaga objetivo, impidiendo que digiera el cultivo que se busca proteger.
El insecto o patógeno, incapaz de alimentarse, muere sin que el compuesto afecte a especies no objetivo ni deje residuos químicos persistentes en el ambiente, una diferencia sustancial frente a los fungicidas de amplio espectro derivados del petróleo que dominan el mercado actual.
El problema que busca atender esta tecnología tiene una escala considerable. A nivel global se aplican más de 190 millones de toneladas métricas de químicos sintéticos en el campo cada año, una carga asociada a cerca de 400 millones de intoxicaciones anuales y alrededor de 11,000 muertes, según cifras citadas por la propia compañía.
A esto se suma que plagas, enfermedades y malezas destruyen hasta 500 millones de toneladas métricas de alimentos cada año, una pérdida que compromete directamente la seguridad alimentaria futura frente al crecimiento poblacional.
GreenLight Biosciences no llega a México como una apuesta improvisada. Fundada en 2008 y con más de 225 millones de dólares levantados en 13 rondas de financiamiento, la compañía ya cuenta con Calantha, el primer aerosol de protección de cultivos basado en RNA registrado en el mundo, aprobado en Estados Unidos y Ucrania para proteger cultivos de papa, además de Norroa, una solución en desarrollo contra el ácaro Varroa que amenaza a las poblaciones de abejas. Su expansión mexicana arrancó formalmente en 2025 con la construcción de equipos locales en Ciudad de México y otras regiones agrícolas clave del país.
El momento coincide con una etapa de expansión acelerada para la categoría a nivel global. El mercado de biofungicidas se valora en 3,520 millones de dólares en 2026 y se proyecta que alcance 5,840 millones para 2031, con un crecimiento anual compuesto superior al 10%, mientras el mercado más amplio de biopesticidas ronda ya los 7,460 millones de dólares con una expansión anual cercana al 11%.
Ese impulso responde a restricciones regulatorias crecientes sobre residuos químicos en mercados como la Unión Europea, a rutas de aprobación aceleradas como la que aplica la agencia ambiental estadounidense para biológicos, y a la ampliación sostenida de la superficie agrícola orgánica en el mundo. Para México, la operación representa además una apuesta por manufactura de alto valor agregado en biotecnología aplicada al campo, un terreno donde el país busca posicionarse como referencia antes que como receptor de tecnología desa













