Chile se prepara para convertirse, entre el 25 y el 29 de octubre, en el punto de encuentro más relevante para la comunidad científica de la nutrición en América Latina y el Caribe.
La Universidad de Chile, a través de su Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), será anfitriona del XXI Congreso Latinoamericano de Nutrición, conocido como SLAN 2026, bajo el lema "Transformando los sistemas alimentarios en América Latina: de la evidencia a la acción", el encuentro reunirá a investigadores, formuladores de política pública, agencias de Naciones Unidas y organizaciones de la sociedad civil de toda la región.
La organización recae en la doctora Camila Corvalán, profesora titular del INTA, directora del Centro de Investigación en Ambientes Alimentarios y Prevención de Enfermedades Crónicas Asociadas a la Nutrición y actual presidenta de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición, su trayectoria incluye un rol determinante en el diseño y evaluación de la Ley 20.606 de Etiquetado de Alimentos, una normativa que posicionó a Chile como referencia obligada para los sistemas de sellos de advertencia que hoy replican distintos países del continente.
El congreso se estructura en torno a siete ejes temáticos que abarcan gobernanza alimentaria, producción y sostenibilidad, entornos alimentarios externos y domésticos, dietas saludables y sostenibles, actividad física, actores comerciales y comunitarios, e innovación, cada eje será desarrollado por comités integrados por académicos de universidades de toda la región, con el objetivo declarado de construir, al cierre del encuentro, una hoja de ruta regional que sistematice consensos, avances y brechas de conocimiento pendientes.
Un rasgo distintivo de SLAN es su condición de organización libre de conflicto de interés desde 2018: no recibe financiamiento de la industria de alimentos y bebidas ultraprocesados, tabaco, alcohol ni farmacéutica, y sostiene su operación con el respaldo de pequeñas y medianas empresas, sociedades científicas y agencias multilaterales. Ese estándar ya se discute en foros internacionales como la Unión Internacional de Ciencias de la Nutrición como modelo replicable para otros congresos científicos del área.
El trasfondo que motiva la agenda es de una magnitud considerable, los factores dietarios explican hoy más de una cuarta parte de la carga de enfermedad en América Latina, en una región que enfrenta simultáneamente desnutrición, deficiencias de micronutrientes y obesidad, a nivel global, el impacto económico del sobrepeso y la obesidad —entre gasto sanitario y pérdida de productividad— se proyecta en 3,3 billones de dólares para 2030 y 4,3 billones para 2035.
En México, la atención de enfermedades crónicas asociadas al exceso de peso ya cuesta cerca de 3.500 millones de dólares anuales, mientras en Brasil la cifra ronda los 2.100 millones. A esto se suma un dato del más reciente Informe Global de Nutrición: 2.600 millones de personas en el mundo no pueden costear hoy una dieta saludable, un escenario que la Organización Panamericana de la Salud atribuye directamente a la alta disponibilidad de productos ultraprocesados frente al acceso limitado a alimentos frescos, un patrón que golpea con especial fuerza a los países de ingresos medios y bajos, entre ellos gran parte de América Latina.
Para reforzar el recambio generacional, el congreso incorporará talleres precongreso, cursos dirigidos a jóvenes investigadores y espacios impulsados por UNICEF para redes juveniles regionales. La expectativa de los organizadores es que el documento de cierre no quede como una simple memoria académica, sino que oriente durante los próximos tres años —hasta la siguiente edición de SLAN— las prioridades de investigación, formación de capital humano y diseño de políticas alimentarias en toda la región.













