En Poços de Caldas, un municipio del sur de Minas Gerais, nació en 1920 la historia empresarial de Moacyr de Carvalho Dias, un joven que comenzó su carrera profesional recorriendo las calles de su ciudad natal con apenas dos carretas tiradas por animales para recolectar y distribuir leche entre los vecinos.
Esa actividad artesanal, heredada de una empresa familiar fundada por su padre en 1915 bajo el nombre de Leiteria de Caldas, terminaría transformándose en una de las historias industriales más singulares de la lechería brasileña.
En 1944, con apenas 24 años, Dias asumió la gerencia de la pequeña planta familiar, entonces con solo seis empleados y un sistema de acopio que todavía dependía de mulas de carga y carretas para transportar la leche desde las fincas hasta la planta de procesamiento. La modernización llegó recién en 1947, con la incorporación del primer camión de la empresa, un hito que marcó el inicio de una etapa de expansión tecnológica sostenida.
La invención que cambió los hábitos de consumo
El verdadero salto histórico de Dias ocurrió a mediados de los años cincuenta. Hasta ese momento, el requeijón se comercializaba en tabletes de 200 gramos envueltos en papel aluminio, siguiendo el mismo formato que la mantequilla tradicional. Dias se propuso desarrollar una fórmula más cremosa que permitiera envasar el producto en pequeños vasos, facilitando su transporte, conservación y vida útil comercial.
El proceso de investigación fue exhaustivo: probó cientos de recetas distintas antes de dar con la combinación exacta de leche descremada trabajada en una olla de doble cara al vacío, calentada a vapor, e incorporada con crema de leche fresca. La fórmula definitiva llegó en el intento número 155, motivo por el cual el producto se bautizó comercialmente como Experiência 155. Entre 1953 y 1954, el requeijón conquistó los mercados de Campinas y São Paulo, y en 1955 y 1956 se consolidó definitivamente en su presentación en vaso, formato que perdura hasta hoy en los refrigeradores de millones de hogares brasileños.
El vuelo que trajo a un gigante francés
La segunda gran hazaña comercial de Dias tuvo un componente casi cinematográfico. Sin hablar una sola palabra de francés, viajó personalmente a Francia para reunirse con directivos de Danone, a quienes logró convencer del potencial del mercado lácteo brasileño y de la calidad de sus procesos industriales. La multinacional francesa quedó satisfecha con el desempeño de la planta y decidió fijar una inversión en el país, estableciendo una alianza que se profundizó durante las siguientes dos décadas hasta que Danone adquirió por completo Laticínios Poços de Caldas en los años noventa.
Esa asociación no se limitó al requeijón: Dias también fue responsable de introducir en Brasil el yogur con pulpa de frutas, categoría que Danone popularizó a escala nacional a partir de esa misma alianza industrial, sentando las bases de lo que hoy es uno de los segmentos más dinámicos del mercado lácteo brasileño.
Un legado que trascendió la industria
Fuera del ámbito empresarial, Dias también dejó una huella singular como el mayor criador de aves silvestres del país, al fundar el Criadouro de Aves Poços de Caldas, un santuario privado con más de 4.000 ejemplares y 325 especies de todo el mundo, financiado durante décadas con recursos propios. Falleció en enero de 2017, a los 96 años, dejando un legado que combina innovación industrial, visión comercial internacional y una pasión conservacionista poco común entre los grandes empresarios lácteos de Brasil.













