El chocolate de mesa continúa siendo uno de los productos más arraigados en la canasta familiar colombiana, y su dinámica comercial refleja algo más que nostalgia: es un negocio que mueve cientos de millones de dólares y sostiene a decenas de miles de familias rurales. Chocolate Corona lanzó la campaña "Chocolate 100% Real", una apuesta que busca diferenciar su producto por el uso exclusivo de cacao colombiano.
Sin sustitutos de la manteca de cacao, en un momento en que el consumidor exige cada vez más trazabilidad sobre lo que compra. La marca, con más de un siglo de trayectoria, mantiene el liderazgo en la categoría de chocolate de mesa con una participación cercana al 26% del mercado y presencia en más de seis de cada diez hogares del país. Amalia Uribe, jefe de marca de Chocolate Corona, explicó que el reto de una marca centenaria es mantenerse relevante ante consumidores mejor informados, que hoy exigen que las compañías expliquen con claridad qué hay detrás de cada producto.
La expectativa interna es sumar entre uno y dos puntos porcentuales adicionales de participación gracias a esta estrategia. El eslogan de la campaña —"Juntos hacemos buenos momentos, momentos reales"— busca capitalizar el ritual doméstico de preparar chocolate caliente, mientras visibiliza el trabajo de la cadena productiva: más de 12.757 familias cacaoteras distribuidas en 21 departamentos y cultivos que suman más de 31.000 hectáreas sostienen el abastecimiento de la marca.
Ese vínculo con el campo cobra relevancia en un momento excepcional para el sector cacaotero colombiano. Las exportaciones de cacao y sus derivados alcanzaron un récord de 413,1 millones de dólares en 2025, más del triple de los 128,6 millones registrados apenas dos años antes, impulsadas por precios internacionales que llegaron a tocar los 10.900 dólares por tonelada en el primer semestre del año, producto de la caída en la oferta de los países de África Occidental. Cerca del 70% de esas ventas externas correspondió a productos elaborados y semielaborados —manteca, licor, pasta, polvo, coberturas y chocolates—, evidencia de una industria que avanza hacia mayor valor agregado en lugar de exportar únicamente grano.
La producción nacional también marca máximos históricos: Fedecacao reportó 64.439 toneladas en 2025, aunque el gremio estima que la cifra real superó las 70.000 toneladas si se descuenta el contrabando hacia Ecuador, que en los últimos dos años habría desviado cerca de 19.000 toneladas fuera de los canales formales. La cifra duplica la producción registrada en 2006, resultado de programas de renovación de plantaciones, mejoramiento genético y asistencia técnica que han elevado tanto el rendimiento como la calidad del grano.
El énfasis de Corona en la ausencia de grasas sustitutas no es un detalle menor para la industria: los estándares internacionales de composición para chocolate exigen un contenido mínimo de manteca de cacao, y el reemplazo parcial por grasas vegetales alternativas —una práctica común entre marcas económicas— suele traducirse en perfiles sensoriales y nutricionales distintos, además de menor concentración de flavanoles, compuestos asociados a beneficios cardiovasculares en estudios sobre consumo de cacao.
Con el consumo interno bajo presión por la volatilidad de precios internacionales del grano, iniciativas como esta buscan además sostener la demanda doméstica en un momento en que el sector mira con atención tanto la rentabilidad de los productores como la fidelidad del consumidor final hacia el chocolate de mesa tradicional frente a formatos instantáneos y sustitutos importados.













