El Grupo Nutresa cerró 2025 con resultados que consolidan un giro estratégico profundo dentro de la multilatina de alimentos más grande de Colombia. Las ventas crecieron 10,7% y el ebitda se disparó 22,7%, hasta sumar 2,91 billones de pesos, un salto que analistas del sector calificaron como el elemento verdaderamente disruptivo del ejercicio, dado que una compañía intensiva en operación industrial y expuesta de forma estructural a materias primas rara vez logra ese nivel de expansión solo por crecimiento en volumen.
El desempeño ocurrió en un entorno adverso para la industria alimentaria regional. La economía colombiana avanzó apenas 2,6% en 2025, mientras insumos clave como cacao, café, trigo, azúcar y leche enfrentaron una volatilidad marcada por la revaluación del peso y por tensiones geopolíticas en Ucrania y Oriente Medio, que encarecieron fertilizantes importados y presionaron los costos de toda la cadena de producción de alimentos procesados.
Bajo la presidencia de Jaime Gilinski, el grupo adoptó un modelo de gobierno corporativo centrado en el control accionario mayoritario y en una disciplina agresiva de eficiencia: simplificación organizacional, reducción de gastos administrativos y compra directa a agricultores locales bajo esquemas sostenibles para estabilizar el abastecimiento.
Esa reingeniería permitió, por ejemplo, bajar el precio de la chocolatina Jet, una de sus marcas insignia, lo que a su vez impulsó un crecimiento de 67% en ese segmento del negocio.
La apuesta por innovación también dejó huella en el portafolio, con el lanzamiento de un helado enriquecido con proteína y una barra de cereal formulada sin colorantes ni saborizantes artificiales, dos categorías que responden a la demanda creciente por productos funcionales y etiquetas más limpias.
El llamado Proyecto Quantum, eje de la hoja de ruta corporativa, proyecta un ebitda de entre 1,1 y 1,2 billones de dólares al cierre de 2026, equivalente a un margen de entre 18% y 20% sobre ventas. En el primer trimestre del año, ese indicador ya alcanzó 1,04 billones de pesos, con un crecimiento interanual de 42,2% y un margen de 20% sobre las ventas.
La estrategia también implicó decisiones de alto riesgo. Nutresa desinvirtió en Estrella Andina, operadora de Starbucks en Colombia, y salió de su participación del 40% en Bimbo Colombia, mientras reforzaba su apuesta por Alcora, dueña de Productos Yupi, con presencia en Colombia, Ecuador y Panamá, donde busca escalar su participación hasta el 100%. En paralelo, la compañía debutó en el mercado internacional de deuda con una emisión de bonos por 2.000 millones de dólares, la mayor colocación corporativa realizada hasta ahora por una entidad no gubernamental colombiana.
La expansión internacional gana peso dentro de la operación: los negocios fuera de Colombia representan ya 40% de las ventas totales y generaron 8,3 billones de pesos en 2025, un crecimiento de 11,9%. Las categorías de galletas, snacks, pasta y café lideran ese avance en mercados como Chile, Ecuador y Perú, donde crecen a tasas de doble dígito. En el mercado local, las ventas llegaron a 12,3 billones de pesos el año pasado, con un alza de 9,9%.
El caso de Nutresa se perfila como referencia dentro del sector de alimentos procesados en la región: demuestra que, incluso en contextos de volatilidad cambiaria y presión sobre insumos agrícolas, la combinación de disciplina financiera, integración vertical con productores y apuestas selectivas de innovación puede traducirse en márgenes que superan ampliamente el promedio histórico de una industria tradicionalmente caracterizada por rentabilidades ajustadas.













