Un análisis internacional liderado por investigadores de la Universidad de Tufts confirmó que niños y adolescentes de todo el mundo consumen cantidades insuficientes de alimentos vegetales saludables, un hallazgo que reabre el debate sobre las políticas de nutrición infantil y sobre el rol de la industria alimentaria en el diseño de productos accesibles y nutritivos para las primeras etapas de vida.
El estudio, publicado en la revista BMJ Global Health, analizó datos dietéticos de más de 1,200 encuestas realizadas en 185 países entre 1990 y 2018, utilizando como base la Base de Datos Dietética Global. Los investigadores se concentraron en el consumo de cinco grupos de alimentos: frutas, verduras sin almidón, verduras con almidón, legumbres y frutos secos, en población de entre cero y 19 años.
Los resultados muestran que el consumo diario promedio va desde apenas 1.19 raciones en menores de un año hasta 3.55 raciones en jóvenes de 15 a 19 años, cifras que en ambos extremos permanecen por debajo de los objetivos nutricionales internacionales. La brecha se mantiene prácticamente estable entre niños y niñas, lo que descarta al sexo como un factor determinante en los patrones generales de ingesta, aunque sí se identificó una asociación entre menor calidad de la dieta y variables como el bajo nivel educativo del hogar, la residencia en zonas rurales y, en menor medida, el género masculino.
Uno de los hallazgos más relevantes para la industria es el comportamiento diferenciado según el nivel de ingresos de cada país. Mientras que en las naciones de mayores ingresos el consumo de alimentos vegetales tiende a reducirse a medida que los niños crecen, en el resto de las regiones ocurre lo contrario: la ingesta aumenta progresivamente durante la adolescencia, aunque sin llegar a cubrir las metas recomendadas.
Estados Unidos ejemplifica esta paradoja con particular claridad, ya que los menores de dos años consumen en promedio 2.7 raciones diarias, una de las cifras más altas del mundo en ese rango de edad, mientras que entre los dos y los 19 años el consumo cae a 1.8 raciones, ubicando al país entre los de menor ingesta en la etapa escolar y adolescente.
A nivel de comparación entre naciones, Vietnam, la República del Congo y México encabezan los mayores niveles de consumo de alimentos vegetales entre su población infantil y juvenil, mientras que España, Pakistán y el Reino Unido registran las cifras más bajas. El estudio destaca además que los jóvenes del este y sureste asiático concentran el mayor consumo de vegetales sin almidón, favorecidos por preferencias culturales arraigadas y por la amplia disponibilidad de estos alimentos a precios accesibles en los mercados locales, mientras que América Latina y el Caribe se distinguen por un mayor consumo de vegetales con almidón, categoría que incluye tubérculos y raíces tradicionales de la dieta regional.
Entre 1990 y 2018, el consumo global de alimentos vegetales saludables mostró una tendencia de crecimiento sostenido en casi todas las regiones del mundo, con la notable excepción del sur de Asia, que se mantuvo estancado. Aun así, los autores advierten que ese avance resulta insuficiente frente a las metas fijadas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.
Para la industria de alimentos y bebidas, el hallazgo refuerza la oportunidad comercial de desarrollar líneas específicas de snacks, purés, jugos y productos complementarios formulados a partir de frutas, legumbres y frutos secos mínimamente procesados, dirigidos a la etapa de introducción alimentaria y a la infancia escolar, segmentos donde la investigación identifica las mayores brechas nutricionales.
Los especialistas coinciden en que los hábitos alimentarios establecidos en los primeros años de vida inciden de manera directa en el estado de salud a largo plazo, lo que convierte a la primera infancia en una ventana estratégica tanto para la salud pública como para la innovación en el desarrollo de productos alimenticios funcionales orientados a este público.













