Perú proyecta cerrar 2026 con exportaciones de maracuyá y sus derivados por un valor cercano a los 84 millones de dólares, un crecimiento del cinco por ciento frente a los 79.9 millones registrados en 2025, año que a su vez marcó un salto del 33.7% respecto al período anterior.
La estimación fue presentada por el presidente del Comité de Frutas y Hortalizas de la Asociación de Exportadores, Elkin Vanegas, en el marco del lanzamiento del IV Congreso Internacional de Pasifloras, que se realizará en agosto en la Universidad Nacional de Trujillo. El dato sitúa a la maracuyá peruana a las puertas de convertirse en la próxima fruta del país en superar la barrera de los 100 millones de dólares anuales en exportaciones.
El jugo de maracuyá es la columna vertebral de esta cadena. En 2025 concentró el 54% del valor total exportado, con envíos por 42.8 millones de dólares, seguido del concentrado con 22.4 millones —equivalentes al 28%— y la pulpa con 11.7 millones, el 15% restante. En el primer bimestre de 2026, el dinamismo se mantuvo: los Países Bajos absorbieron el 40% del volumen total exportado de jugo, con un crecimiento del 51% frente al mismo período del año anterior, mientras Francia captó el 21% con un incremento del 56%, consolidando a Europa como el bloque comprador más relevante. Quicornac lideró las exportaciones del período con el 57% del mercado, seguida por Selva Industrial con el 19% y un aumento del 90% en volumen.
El posicionamiento de Perú como proveedor dominante en el segmento de jugos y concentrados tropicales responde a condiciones que van más allá del precio. Lambayeque, Lima región y Piura concentran la mayor parte de la oferta exportable, con una variedad criolla que históricamente ha destacado por su contenido de pulpa y su nivel de dulzor, medido en grados Brix. Sin embargo, la introducción desordenada de variedades foráneas ha erosionado ese diferencial en años recientes, lo que motivó una intervención conjunta entre ADEX y el Instituto Nacional de Innovación Agraria. En los próximos meses, el INIA distribuirá 60.000 plantones injertados de maracuyá con el objetivo de elevar el rendimiento promedio de 15 a 40 toneladas por hectárea y recuperar niveles de Brix superiores a 12 grados, frente a los 9 y 10 grados actuales que ya no satisfacen plenamente los estándares industriales de los compradores europeos.
La mejora varietetal tiene implicaciones directas sobre la competitividad industrial. Una fruta con mayor contenido de pulpa y mayor uniformidad reduce el costo de procesamiento por unidad de producto terminado, mejora el rendimiento de extracción y eleva la calidad del concentrado exportado, factores decisivos en un mercado donde Perú compite con exportadores asiáticos de gran escala como Tailandia, Vietnam y Malasia.
El mercado global de maracuyá proyecta alcanzar los 5.850 millones de dólares para 2032, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 5.2%, impulsado por la demanda de ingredientes tropicales naturales en bebidas funcionales, alimentos procesados y productos cosméticos. Para la industria peruana, el desafío es avanzar de la exportación de materias primas procesadas hacia formulaciones con mayor valor agregado, capturando una porción de ese crecimiento en segmentos de mayor rentabilidad.You've used 75% of your weekly limitGet more usage
El planteamiento coincide con una tendencia regional que ya muestra avances medibles. Según un rastreador que monitorea a 148 empresas del sector alimentario y turístico en seis países de América Latina, 48 compañías ya operan con un abastecimiento cien por ciento libre de jaulas, mientras 57 continúan en proceso de transición. Sin embargo, Perú figura entre los mercados con menores niveles de reporte y transparencia corporativa de la región, por detrás de países como Colombia y Argentina.
A nivel global, el sistema cage free ya representa cerca del 16% de la producción mundial de huevos de gallinas ponedoras, con Estados Unidos avanzando hacia una participación cercana al 66% de su oferta nacional para este año, impulsado por compromisos corporativos y normativas estatales. En el segmento comercial, los huevos producidos bajo este modelo suelen venderse con un sobreprecio cercano al 35% frente al sistema convencional, reflejo del mayor costo de espacio, manejo y bienestar que exige la crianza sin jaulas.
Una encuesta nacional encargada por la organización y realizada en agosto de 2025 encontró que siete de cada diez peruanos consideran inaceptable el confinamiento de gallinas en jaulas, mientras que un 68% respalda que los supermercados informen de manera visible si sus huevos provienen de sistemas enjaulados. El dato confirma que el bienestar animal y la trazabilidad alimentaria dejaron de ser temas marginales para instalarse en la agenda pública, en un momento en que la industria regional enfrenta presión creciente para modernizar sus estándares de producción.













