Octubre, mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, reabre una pregunta que el consumidor se hace frente a la góndola: qué comer y beber para reducir el riesgo. La respuesta de los especialistas es matizada. Ningún alimento por sí solo ha demostrado causar la enfermedad ni protegerse de ella, pero sí hay patrones de consumo asociados a mayor o menor riesgo, y uno de ellos cuenta con respaldo especialmente sólido.
Ese factor es el alcohol. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, de la OMS, reconoce una relación causal con el cáncer de mama, y el riesgo aumenta conforme sube la cantidad consumida. Una revisión sistemática asoció beber menos de una copa al día con un incremento de 4% frente a quienes no beben, y el alcohol además eleva los niveles de estrógeno en sangre. Los especialistas aclaran que una copa de vino no implica desarrollar la enfermedad, aunque ningún nivel de consumo puede considerarse totalmente libre de riesgo.
Para los alimentos individuales la evidencia es menos clara. Una dieta alta en ultraprocesados, carnes procesadas y bebidas azucaradas favorece el aumento de peso, y el exceso de peso, sobre todo después de la menopausia, se asocia con mayor riesgo. Un metaanálisis con más de 1.65 millones de participantes vinculó el consumo elevado de carnes procesadas con un aumento de 6%. En cambio, el tofu, el edamame y la leche de soya no elevan el riesgo, un mito que los expertos buscan desmontar.
Las recomendaciones del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer, actualizadas en 2025, apuntan a priorizar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, reducir bebidas azucaradas y carnes rojas y procesadas, mantenerse activo y evitar el alcohol. Organizaciones especializadas estiman que al menos 23% de los casos podría prevenirse con cambios de estilo de vida. Oncólogos mexicanos recuerdan, además, que la enfermedad es multifactorial y que su incidencia ha crecido en mujeres menores de 40 años.
Para la industria, ese consenso se traduce en señales de mercado concretas. El mercado latinoamericano de bebidas no alcohólicas se valuó en 82,730 millones de dólares en 2025 y se proyecta que llegue a 131,580 millones en 2035, con un crecimiento anual de 4.75%. En México, cuyo mercado de bebidas alcohólicas alcanzó 995,000 millones de pesos en 2024 y soporta un IEPS de hasta 53% en destilados de alta graduación, la cerveza sin o con bajo alcohol creció 17% en volumen, hasta 52.8 millones de litros. Aún pesa apenas 0.6% del mercado cervecero, pero había avanzado cerca de 30% anual entre 2019 y 2024. A escala global, la cerveza sin alcohol vale unos 25,900 millones de dólares en 2026 y crece 7.8% al año, con el formato 0.0% como el segmento más dinámico.
La oportunidad para los fabricantes está en reformular para reducir azúcares y grasas saturadas, ampliar portafolios sin alcohol y de origen vegetal, y comunicar con rigor. La evidencia no respalda atribuir a un producto individual propiedades preventivas frente al cáncer. Lo que sí se sostiene es el mensaje de patrones completos de alimentación, moderación en el alcohol y peso saludable, una línea que los consumidores, cada vez más atentos a la etiqueta, están dispuestos a premiar.














