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Tipos de estrés más frecuentes en las plantas

Agricultura Argentina

El concepto de estrés al que estamos acostumbrados es la reacción fisiológica de los organismos animales ante situaciones que perciben como amenazantes, por eso puede resultar complicado entender cómo las plantas pueden sufrirlo. Para los vegetales, el estrés es un factor externo que actúa sobre el organismo. No se trata de una tensión, sino de la intensidad o de la concentración de determinados agentes externos que les afectan. 

Estos agentes o factores pueden ser de dos tipos: factores abióticos* y bióticos*. Los primeros son los que no tienen relación con el organismo, y entre ellos están las condiciones medioambientales que pueden deteriorar a las plantas. Cuando se producen cambios anormales en el entorno, temperaturas extremas, por ejemplo, o cuando hay un cambio en los recursos hídricos tanto por exceso como por defecto, se produce estrés abiótico.

  • Hídrico: La falta de agua es la causa de estrés más común en las plantas. La manera que tienen de afrontarlo es su adaptación al medio. Así, las de climas secos o desérticos tienen formas esféricas o ciclos de vida cortos y se mantienen en forma de semilla mientras el abastecimiento de agua es casi nulo. Muchos árboles detienen su actividad, pierden las hojas o desarrollan muchas más raíces hacia las zonas más profundas. En el caso de las plantas y arbustos que podemos tener en nuestros jardines y balcones, pasan por una fase de alarma en la que detienen o ralentizan sus funciones fisiológicas básicas, siendo la reducción del crecimiento foliar uno de los síntomas iniciales. También la falta de turgencia o el rizado de las hojas. En una segunda fase de resistencia raíz crece más que la parte externa de la planta, por lo que notaremos que la planta no crece.
  • Salino: Se produce principalmente en cultivos próximos al mar o a estuarios. Sin embargo, también puede darse a causa de filtraciones naturales de sales o como consecuencia de la acumulación de sales después de riegos sucesivos o tras la evaporación del agua pura. La manera que tenemos de apreciar si nuestras plantas padecen estrés salino es similar al caso anterior, porque la consecuencia es también la deshidratación y la respuesta es semejante: reducción del follaje y del crecimiento del ejemplar.
  • Bajas temperaturas: Fenómeno que se da de manera periódica en el 90% de las tierras secas del planeta. Hay dos tipos de daños: El primero, por enfriamiento, se da entre los 20 ºC y los 0 ºC y su principal consecuencia es el retraso en la maduración de las flores y los frutos. Esto se produce porque el enfriamiento retrasa la velocidad a la que se mueven las sustancias dentro de las células, y el transporte de agua y nutrientes a través de ellas puede variar y afectar la producción de la planta. En general, la mayor parte de las plantas poseen la habilidad de aclimatarse, pero si los descensos son muy bruscos y se llega al congelamiento, las consecuencias pueden ser más duras y matar a la planta directamente. Algunas de las plantas de jardín que más hermosas están en primavera se defi enden de las bajas temperaturas y de la posibilidad de congelación permaneciendo en forma de bulbo durante los meses más fríos. Es el caso, entre otros, del jacinto y del tulipán. Por su parte, hay árboles que pierden todas la hojas y otros como los pinos que pueden soportar temperaturas inferiores a los –50 ºC.

La elección del sitio de cultivo, los cultivares más resistentes a heladas y la implementación de prácticas de manejo, permitirían la disminución en la aplicación del control activo contra heladas, volviendo eficiente el uso de los recursos y disminuyendo el daño ambiental.

La existencia de modelos predictivos permite adelantarse a los posibles efectos perjudiciales del calentamiento global y, por lo tanto, seleccionar con anticipación los materiales vegetales adecuados para el nuevo escenario.

El daño por congelación en los tejidos vegetales es considerado un estrés abiótico principal en los cultivos frutales. Sin embargo, las plantas han desarrollado mecanismos de resistencia al frío. Para una especie y órgano en particular, dicha resistencia es variable a lo largo del año, en función (principalmente) de la temperatura ambiental. Las temperaturas bajas, sin llegar a ser de congelación, también afectan las etapas reproductivas mediante la disminución de la actividad de los agentes polinizadores y la alteración del proceso de fecundación. Las reservas nutricionales influyen en la resistencia a heladas mediante la degradación del almidón en compuestos osmóticamente activos, que aumentan la capacidad de sobreenfriamiento del tejido vegetal.

La elección del sitio de cultivo, los cultivares más resistentes a heladas y la implementación de prácticas de manejo, permitirían la disminución en la aplicación del control activo contra heladas, volviendo eficiente el uso de los recursos y disminuyendo el daño ambiental.

En el duraznero, existe una barrera anatómica a la propagación del hielo desde el eje de la yema floral hacia el interior de la flor, siendo un mecanismo de evitación a heladas.

De manera similar, el principal mecanismo de resistencia a la congelación en la quínoa (Chenopodium quinoa Willd.) parece ser la evitación mediante un sobreenfriamiento moderado.

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