Un 2 por ciento del total de los productores
de soya, detenta el 70 por ciento de las tierras cultivadas con ese alimento,
en tanto que en el otro extremo, 11.000 pequeños productores cultivan menos del
9 por ciento del total.
El documento señala que según datos de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (ANAPO), en el país existen 14.000 productores de soya que se distribuyen en 2 por ciento de grandes productores (300 personas), un 20 por ciento (2.800) son productores medianos y un 78 por ciento (11.000) son pequeños productores.
Los productores pequeños, con cultivos de menos de 50 hectáreas, ocupan una superficie total de 80.000 hectáreas (menos del 9 por ciento del total), en tanto que los productores medianos cultivan entre 50 y 1.000 hectáreas y no ocupan más del 20 por ciento de la superficie total.
El resto de la superficie, más de un 70 por ciento, es ocupada por los productores grandes que cultivan más de 1.000 hectáreas, e inclusive hasta más de 20.000hectáreas. Éstos no llegan a más de 300 grandes productores, principalmente grupos o empresas, de los cuales aproximadamente 270 son productores extranjeros, principalmente brasileños. Y solo unos 30 grandes productores serían nacionales.
Agrega que una empresa brasileña, el Grupo Mónica Norte en Colonia Haderman- Colonia Piraí, tiene cerca de 8.0000 hectáreas cultivadas y la empresa Unisoya (consorcio principalmente brasileño-argentino-colombiano), posee 27.000 hectáreas.
Los tres más grandes productores del país son brasileños y argentinos, y ocupan más de 20.000 hectáreas de cultivos con una producción de más de 180.000 toneladas al año (15 por ciento de la producción total del país).
“Considerando el alto número de grandes productores extranjeros, se puede suponer que esto influye en la redistribución de beneficios en el país”, dice el investigador, quien cita a otros investigadores del tema que llegaron a la conclusión de que hasta ahora el sector agro-empresarial soyero ha sido incapaz de construir un liderazgo económico y ha preferido conciliar su dependencia con la inversión extranjera.
Agrega que la tendencia parece orientarse al progresivo mayor fortalecimiento de los grandes productores en base a figuras corporativas, cada vez más oligopólicas, que adquieren cada vez mayor dominio productivo, mientras que la multitud de pequeños productores, el último eslabón de la cadena productiva y el más débil, a pesar de ser mayoría, debe resignarse al rol de proveedores marginales de materia prima a rescatadores e intermediarios.
En el país se cultivan un millón de hectáreas con soya. El Brasil cultiva más de 22 millones de hectáreas y la Argentina cerca de 17 millones de hectáreas, en tanto que el Paraguay ha superado las 2.7 millones de hectáreas, “todo esto, con un significativo y enorme costo ambiental y social”. El año de mayor producción fue el 2004 con 1.82 millones de toneladas, incluyendo las importaciones.
El rendimiento de la soya en Bolivia es bajo respecto a otros países. Se menciona que en los últimos 25 años osciló entre 1.6 y 2.3 toneladas por hectárea, lo que está por debajo del promedio de los diez países que son mayores productores con 1.92 toneladas por hectárea.
Los productores brasileños obtienen la máxima rentabilidad en el país, seguidos por los menonitas y japoneses y quedan en último lugar los productores nacionales. Los productores brasileños, se explica, pueden alcanzar mayores niveles de rentabilidad en función a las técnicas, modalidades y semillas mejoradas, incluyendo variedades transgénicas.
Se explica que la soya es la mimada de los economistas y gobiernos por sus jugosas contribuciones a las exportaciones. Su producción es controlada y gestionada por grandes empresas y fondos de inversión bajo la forma de un monocultivo de gran escala. Muchos productores quedan atrapados en la terciarización productiva, ya que comprometen todas sus cosechas a las empresas intermediarias o a las grandes corporaciones de alimentos, señala la investigación. Agrega que en algunos casos, reciben enormes sumas de dinero pero los químicos, la maquinaria y hasta las semillas han disparado sus costos, y por lo tanto los márgenes de rentabilidad son cada vez más estrechos.
El sector oleaginoso, del cual la soya es el elemento central (90 por ciento del sector), aporta un importante porcentaje del PIB nacional, así como alto valor, en cuanto a las exportaciones, agrupando a unos 14.000 productores.
Ribera señala que esos factores han dado lugar a que se considere un sector preeminente, desde la óptica economicista, lo cual hace que los temas ambientales y sociales queden relegados a un segundo plano.
Bolivia está entre los 10 primeros
Un total de 90 países producen soya en todo el mundo, y llegan a cubrir una superficie superior a los 93 millones de hectáreas, señala un estudio sobre el tema divulgado por LIDEMA.
Se indica que la producción ha superado los 220 millones de toneladas y solo Estados Unidos, Brasil y la Argentina, producen el 77 por ciento del total mundial.
La participación de Bolivia, el año 2008, fue de 0.69 por ciento, ubicándose en el puesto 7 de los 10 países con mayor producción de soya en el mundo, incluso por encima de Rusia.
Entre los países grandes productores de soya están por delante de Bolivia China, India, Paraguay y Canadá.
Los países sudamericanos Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia producen más del 44 por ciento de la producción mundial.
Los mayores importadores de soya en el mundo son la Unión Europea con 37 millones de toneladas al año y la China con cerca de 20 millones de toneladas al año.
Las cuatro empresas transnacionales que controlan el mercado mundial de la soya son ADM, BUNGE, CARGILL de Estados Unidos y DREYFUSS de Francia. En Bolivia, CARGILL es socia de la empresa Central Portuaria Aguirre de Puerto Quijarro.
Con la población creciente y cada vez más próspera, la demanda mundial de soya y sus derivados como el aceite vegetal y alimento para animales, se mantendrá tonificada, por lo que es de esperar que la demanda de soya aumente en un 60 por ciento, hasta alcanzar más de 300 millones de toneladas anuales el año 2020, dice el informe.
Colombia intentó chantajear para mantener su mercado
El Gobierno colombiano intentó chantajear a su similar boliviano, el año 2007, para mantener abierto el mercado de ese país a la soya nacional, revela un estudio sobre la producción de oleaginosas en Bolivia, realizado por el investigador Marco Octavio Ribera, de la Liga de Defensa del Medio Ambiente, LIDEMA.
Señala que el año 2007 Bolivia perdió el mercado exportador de la soya a Colombia debido a que ese país comenzaba a importar la oleaginosa de Estados Unidos en función al Tratado de Libre Comercio (TLC), firmado entre ambos países.
Según un informe de FOBOMADE, dice el estudio, una semana antes de la firma del TLC con Estados Unidos, el Gobierno colombiano estuvo ejerciendo una presión intensa sobre la Cancillería boliviana, con el objetivo de lograr el apoyo a su propuesta de modificar una norma de la Comunidad Andina de Naciones, la CAN: la decisión 486 de Propiedad Intelectual.
Esa modificación, se explica, impediría la fabricación de medicamentos genéricos, lo cual puede afectar negativamente a la salud pública.
“Como ésta es una de las condiciones de los Estados Unidos en las negociaciones del TLC (de acuerdo a sus intereses comerciales), Colombia emitió un decreto que viola la normativa de la CAN, por lo que el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina sancionó a ese país. Con el cambio de la normativa de la Can, Colombia pretendía eludir esa sanción y allanar el camino para el TLC con Estados Unidos”.
El documento agrega que a cambio de apoyo de Bolivia, “Colombia aseguraba que mantendría el mercado de soya de Bolivia, lo cual podía interpretarse como un chantaje. Bolivia no aceptó la condición y perdió el mercado colombiano para su soya”.
También se revela que la soya producida en Estados Unidos recibe una subvención de 30 dólares por tonelada, lo que hace que ninguna producción latinoamericana pueda competir en precios.
“Según FOBOMADE, la pérdida del mercado colombiano no es tan dramática ni insuperable, además de que no es inmediata. Po lo tanto, es absolutamente inaceptable el chantaje de Colombia para forzar a negociar el TLC con Estados Unidos”.
Bolivia importaba soya para luego exportarla
Bolivia ha estado importando soya para luego incluirla en sus exportaciones con el objetivo de aprovechar las preferencias arancelarias sobre todo con los países miembros de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Según un estudio divulgado por LIDEMA, que abarca hasta el año 2009, señala que en relación a las importaciones de soya que ha realizado Bolivia, el proceso consistía en importar soya de países vecinos y luego buscar mercados para exportarla, con el reclamo de preferencias arancelarias, sobre todo a nivel del Acuerdo Andino de Naciones o CAN.
“La ANAPO (Asociación de Productores de Oleaginosas), confirma esta situación que tiene el cariz de un sin sentido: las importaciones de grano de soya han sido crecientes, principalmente se importaba desde Brasil y Paraguay, para su procesamiento interno y posterior reexportación”.
Se recuerda que el año 2002 las importaciones de soya alcanzaron a 290.000 toneladas y en 2004 a 240.000 toneladas (un cuarto del total de la producción nacional).
Estas importaciones permitieron que países que no forman parte de la CAN, accedieran a las preferencias arancelarias que tiene Bolivia y, precisamente, a través de Bolivia. Se trata de casi 300.000 toneladas, lo cual se acerca al total exportado a Colombia el 2004”.
El estudio agrega que la empresa que realizaba esas importaciones era GRAVETAL, empresa entonces del Grupo de Inversiones Osorno de Colombia, establecida en Puerto Quijarro, sobre la frontera Bolivia-Brasil.
El estudio de Ribera dice que de acuerdo a la empresa, “la mayor parte de la oferta exportable de GRAVETAL se dirigía al mercado andino y tenía una participación muy importante del total de las exportaciones bolivianas destinadas a ese mercado.
GRAVETAL exportó el 47 por ciento de la exportación total de aceite crudo de soya boliviano y el 31 por ciento de harina de soya.
“Los mayores beneficiados de este juego de importar para exportar, parecen ser GRAVETAL y sus socios transnacionales. Las empresas con capitales extranjeros que operan en el sector como GRAVETAL, realizan importaciones de soya de Brasil y Paraguay, las mismas que son procesadas en Bolivia y exportadas a la Comunidad Andina con las mismas preferencias que tiene el producto boliviano, por la vía Ritex (Régimen Temporal para las Exportaciones)”, agrega.
En cuanto al tema del transporte del producto, según la Cámara de Comercio Exterior (CAMEX, y el Ministerio de Desarrollo de la Industria y el Comercio Exterior, el Brasil mueve el 5 por ciento de su soya por hidrovía, el 28 por ciento por ferrocarril y el 67 por ciento por carretera.
Estados Unidos transporta el 61 por ciento por hidrovía, 23 por ciento por ferrocarril y 16 por ciento por carretera. “Eso hace que la soya brasileña sea más cara que la americana en 12 dólares por tonelada y que ese país pierda 420 millones de dólares al año en relación a Estados Unidos.
El Brasil permanece a la zaga incluso de la Argentina, que es la tercera mayor productora del mundo, pero que vende soya más barata que la brasileña en 4 dólares por tonelada. La ventaja de la Argentina es tener las regiones productoras más próximas a los puertos, a cerca de 250 kilómetros, en tanto que a la zona de la soya brasileña, en el centro Oeste, permanece a una distancia media de 900 kilómetros del mar.
Con esto, el flete del producto en el Brasil gira en torno a lasos 28 dólares la tonelada, en tanto que Estados Unidos y la Argentina varía entre 14 y 15 dólares la tonelada.
Fuente: Opinión



























